El cuento de las cerezas…

Miércoles, 6 septiembre 2006 Emilio C.S.

El cuento de las cerezas

Érase una vez un reino lleno de cerezas, situado en el interior de las tierras valencianas. En el vivían un puñado de habitantes, con muchas ganas de trabajar y un gran amor por su pueblo.

Llegaron tiempos de hambre y una epidemia se apoderó de parte de la población. Su amo y señor prometió años de paz y prosperidad para todos por medio de un fabuloso proyecto: El gran Castillo de la Hoya. Les dijo: “Se acabará el hambre y habrá pan y monedas de oro para todo aquel que allí sirva a esta villa”…

El brillo del oro cegó por completo la mirada de algunos “cerezinos” que creyeron ver en el gran castillo una salida a la mala época que atravesaba la villa.

Miles batallas se libraron en la comarca, incluso contra pueblos hermanos, que lo único que querían era el bien para todos: un cielo limpio. Algunos creyeron ver en sus vecinos dragones enemigos, cegados por el amor a su pueblo, la fe en su amo y señor y el resplandor del oro.

Y el gran castillo se hizo realidad. La peste se apoderó de la comarca: el agua se contaminó, el ganado enfermó, el cielo ya no estaba limpio, el hedor era insoportable… y los carros cargados de monedas de oro no venían por ningún sitio. Eso si, una constante procesión de carruajes cargados de basura apestaba a kilómetros por todo el camino.

Tras la construcción del gran castillo tan solo cuatro fieles trabajaban en él y miles sufrían sus consecuencias… a lo mejor el carro que transportaba el oro se desvió por otro camino…

Ya lo dijo el pueblo… “No al gran castillo!”, los sabios auguraban épocas de hambre y miseria, pero el amo y Señor no escuchó y tomó el camino más fácil y cómodo para contentar a los fieles: cambiar excrementos venidos de lejanos lugares por oro, parecía un buen trueque, pero nadie los quería en Hispania… ¿por qué?

Con el tiempo el pueblo conoció los verdaderos efectos del gran castillo y se reveló contra su amo y señor…”Nos engañaste, donde está el oro y la prosperidad? aquí solo tenemos apestoso estiércol!”…

Quizás hubiese sido mejor seguir construyendo pequeños castillos a los Lores ingleses y ganarse dignamente el pan de sus hijos y dejar la basura en su sitio…

Y colorín colorado este cuento NO ha acabado, lo de las cerezas… ES UN CUENTO!

Fdo. Una que le gustan las cerezas… sin basura, por favor!



Autor: Emilio C.S.

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  • José Manuel

    Sacando con esmero,
    del tosco madero;
    ‘si sale con barba San Antón y si no La Purísima Concepción’;
    una, otra; las astillas caen,
    y la figura aparece del tosco madero,
    algunos brochazos le dan brillo;
    sobre el banco quedan, libres curvas de expresión;
    del tosco madero, late un corazón,
    fruto maduro,
    del fecundo cerezo.

    Saludos, José Manuel
    Con gracia, salero y una carga de razón a por ello vamos.

  • Noa

    Muy bueno. Me he partido de la risa con aquello de “los cerezinos” y lo de “seguir construyendo pequeños castillos a los Lores ingleses”. Muy bonita tu iniciativa de escribir un cuento con este tema. Por cierto … cuento o fábula? Porque … a este asunto se le puede añadir una moraleja tipo Esopo, no crees?

  • Pedro

    No se quien será el autor,pero ¡¡por dios!! que lo nominen a los “princepes de asturias” de la literatura creativa. Perfecto. Espero que se haga una trilogia sobre el cuento; en segundas o terceras entregas se podría hablar de hacía donde fueron los carruajes cargados de oro,o por el contrario como los caballeros de la tabla redonda del “reino” amedrentaban a sus habitantes.Un saludo…

  • Jarafuelino

    Ja, ja, divertido, con imaginación , ya lo he leido tres veces y… cada vez mejor. A ver si nos sigues deleitando con esa capacidad que tienes (admin:en minúsculas, gracias)

  • Zarrino

    Muy, muy bueno. Aquí se puede leer mucho más allá de las líneas, y si además eres de Zarra enhorabuena por quitarte la venda de los ojos. Así da gusto.