Necesita mejorar: Consumir hasta morir

sábado, 31 marzo 2007 Carlos Feuerriegel

Vivimos en la era de los balances y las clasificaciones. Raro es el día que el periódico no nos trae una nueva , resultado de una encuesta o fruto de eso que viene en llamarse estudio estadístico. Entre estas clasificaciones hay una en la que los españoles nos llevamos la palma. Es aquella que determina el incremento anual en el consumo de energía. Podemos estar orgullosos porque estamos a la cabeza y no precisamente porque cada vez hagamos un mayor esfuerzo físico, que también consume sus energías, sino porque parece no conocer techo nuestra demanda de energía eléctrica, o de productos derivados del petróleo. Tan a pecho nos hemos tomado esta competición que incluso conseguimos, en el colmo de nuestras alegrías, producir lo mismo cada año con una mayor demanda de energía.

No hace falta vestirse de buzo para sumergirse en las múltiples fuentes de información que conducen a la elaboración de esos resultados. Basta con abrir bien los ojos, no renunciar a nuestra capacidad de asombro y salir a darse una vuelta por nuestro pueblo. Tanto de día como de noche , que para este menester no hay hora que no valga.

En horario matinal podremos disfrutar del incomparable espectáculo de una feria del motor que no se anuncia en calendario oficial alguno de certámenes automovilísticos . Es la hora de llevar a los niños al colegio. También a las niñas. Extraño que en un pueblo como el nuestro, donde salvo contadas excepciones, nadie tiene que recorrer más de dos kilómetros para llegar a la escuela, o al instituto, tantos padres consideren que sus hijos deben hacer ese recorrido en coche. Así se entiende que en España, otra dichosa estadística al canto, el coche se emplee mucho más en trayectos cortos que en paises como Finlandia, por poner un ejemplo de país donde llueve mucho y nieva más. Si las bicicletas son para el verano ( en Holanda), el caminar lo dejaremos para cuando lo aconseje el médico.

La profunda razón por la cual se decide privar a tantos niños del sano y socializador ejercicio de ir andando al colegio cada día , echando mano innecesariamente del coche, contaminando y derrochando energía, no queda al alcance de mi comprensión. Por mi parte, recuerdo que el largo camino hasta el colegio forma parte de los mejores momentos de mi edad escolar. Eran otros tiempos y hoy , sin duda, el cada vez más bajo precio de los carburantes explica esta facilidad con la que se renuncia a andar.

Pero si ahora decidimos hacer nuestro paseo de noche podremos contemplar otros curiosos fenómenos energéticos. Como la congregación igualmente de coches a las puertas del polideportivo cuando hay actividades dentro de él. Si a un polideportivo se acude a hacer deporte, nada más sensato que hacerlo a caballo de nuestro motor. Al fín y al cabo la hípica también puntua en las olimpiadas y no sería sensato cansarnos camino del polideportivo cuando ya tanto vamos a cansarnos dentro. Por no hablar de la vuelta. ¿ La absurda idea de integrar el ejercicio físico en todas nuestras actividades diarias ? Realmente absurda. Propia de los finlandeses esos. ¿ Para qué tenemos el coche entonces?

Pero nuestro periplo nocturno dá para mucho más: incluso para poder leer el periódico, con sus estadísticas, en nuestra calle principal. La de la Marquesa que tanto impresionó a Cavanilles. Hoy aun le sorprendería más. Desde la Casa el Alto ya podría ir calculando su longitud al paso que bajaba la sierra haciéndose cábalas sobre el número de farolas encendidas al unísono. ¿No cabía ninguna más?, se preguntaría el boquiabierto botánico. Y no , no cabía ninguna más, pues no en vano las ciudades españolas son las más iluminadas de las noches europeas. Y nosotros no vamos a ser menos porque la lectura nocturna en la calle es una de nuestras aficiones favoritas. Supongo que tanta luz , en el caso de Ayora, se debe a que Iberdrola regala la energía que consume el Ayuntamiento, en un gesto desinteresado que le honra, hijo de la cercanía nuclear; amén de que el Ayuntamiento , caso de tener que pagar algún importe simbólico , camina tan sobrado de ingresos que no se atasca en estas nimiedades.

Quizá el meollo del asunto radique en que muchos siguen asociando consumo de energía con progreso, y progreso , llegada la noche, es iluminación. Cuanta más mejor. Progreso es poder ir en coche a quinientos pasos de nuestra casa. O a doscientos. La realidad, sin embargo, es algo diferente. No siendo capaces, no ya de detener, sino de reducir nuestro consumo de energía, sólo conseguimos progresar hacia el batacazo. No es tan difícil poner nuestro granito de arena para enderezar la dirección equivocada: menos uso innecesario del coche e iluminación justa son medidas sencillas de alcanzar. Nuestro cuerpo nos lo agradecerá y hasta las estrellas quedarán a nuestra vista. ¿Cabe mayor progreso?



Autor: Carlos Feuerriegel

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