“Necesita mejorar”: Los excrementos de perro invanden nuestras calles

sábado, 3 marzo 2007 Zacarias Alvés

Pasear a pie por las calles de Ayora se está convirtiendo en toda una experiencia única, casi religiosa, como diría el cantante. O quizá podría ser incluida como actividad de riesgo, entre la amplia oferta de deportes de aventura que pueden practicarse en nuestra comarca.

Efectivamente, en los últimos tiempos las actitudes incívicas de unos cuantos, hace que cada vez sea más difícil caminar tranquilamente por las calles de Ayora, sin verse obligado a superar algunas pruebas de destreza y habilidad, necesarias para así conseguir sortear los múltiples obstáculos que nos salen al paso: vehículos estacionados sobre las aceras, socavones diversos, obras que invanden las aceras, etc.

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Pero quizá la prueba que supera a todas las mencionadas anteriormente, sería la de tener que intentar no pisar uno de los múltiples excrementos de perros que invanden nuestro pueblo.

¿…Quíen no ha experimentado alguna vez la agradable y excitante sensación cuando uno de estos excrementos es pisado por la suela de su zapato…? El cual, si es de reciente deposición, apenas ofrece resistencia a la presión ejercida por la masa de nuestro cuerpo y deja escapar ese leve y fétido sonido: “chooof”. Es en ese momento cuando se intenta dejar esa carga indeseable sobre el bordillo de la acera, rascando la suela contra el mismo.
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Efectivamente, estamos ante la actitud de unos cuantos incívicos propietarios de mascotas caninas. Estos ciudadanos suelen pasear a sus canes por las calles de Ayora con el único fin de que éstos dejen sus deposiciones sobre aceras e incluso en parques infantiles. Algunos lo hacen a plena luz del día, sin esconderse de nadie. Otros, quizá más tímidos, buscan la clandestinidad que les proporciona la nocturnidad y lo hacen en lugares con poca iluminación.

Un rasgo común en los dos tipos de “ciudadanos” mencionados anteriormente, es que éstos siempre buscan lugares alejados de sus residencias, es decir, jamás dejarían la deposición de su can cerca de su casa, algo que les honra…

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En definitiva, estamos ante la actitud incívica de unos cuantos, que además de suponer en algunos casos, una situación de lo más desagradable, podría convertirse en una cuestión de salud pública si no se le pone freno.

Ante el grave problema de higiene que supone y el gran coste económico que se genera, al tener que recoger estas deposiciones, en muchas ciudades se han instalado una especie pilas denominadas “pipican”. También se han instalado unas papeleras en las que se expeden una especie de bolsitas y donde el propietario de la mascota deposita las deposiciones de ésta, para a continuación introducirla en dicha papelera.

En cualquier caso, la solución siempre pasaría por que cada dueño se responsabilizara y recogiera los excrementos de su perro, utilizando una bolsa de plástico o similar, que podría introducir en el interior de cualquier contenedor cercano, algo que muchos ciudadanos celebrariamos….



Autor: Zacarias Alvés

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