Quads. La peor plaga de nuestras montañas. Por José Manuel Almerich y Juan Manuel Ferrís
Sábado, 20 mayo 2006 Zacarias Alvés
Ante la reciente autorización de una carrera de quads por parte del Ayuntamiento de Enguera en la que se prevé la participación de más de trescientos de estos tanques todo terreno por la Sierra de Enguera y el Macizo del Caroig, tenemos que plantearnos muy seriamente hacia donde queremos dirigir el futuro de nuestro turismo rural.
¿Pretendemos seguir el modelo del litoral, agresivo, urbanísticamente insostenible, competitivo y poco respetuoso con el entorno, o acaso queremos más un turismo cultural, participativo, sostenible, respetuoso con el medio natural y las tradiciones, que de cabida a todas las actividades deportivas siempres y cuando éstas no alteren el medio ni el paisaje?
¿Qué acaso la Sierra de Enguera no puede tener otro valor que no sea el de servir de un circuito de carreras para unos vehículos que son, en estos momentos, los más agresivos, violentos y erosivos de todos los inventados por el ser humano para utilización civil?
¿Qué acaso la Sierra de Enguera y el Caroig tienen menos valor ecológico y paisajístico que los parques de Calderona, Espadán o el Carrascal de la Font Roja, donde sería impensable, ni tan siquiera se atreverían, a pedir autorización para semejante evento?
¿Sería lógico pensar que este tipo de competiciones pudiera darse en el cauce viejo del Turia, en la Devesa del Saler o en cualquier otro parque natural protegido? ¿Es necesaria la figura del paruqe natural como única garantía de conservación y regulación de competiciones a motor en plena naturaleza? ¿No es suficiente la ley forestal de la Comunidad Valenciana que prohíbe expresamente las actividades motorizadas campo a través, excepto en los circuitos autorizados al efecto?
¿Qué tiene la Conselleria de Territori que decir al respecto?
Demasiadas preguntas, y demasiadas agresiones, para un espacio único que, ante la evidencia, no es valorado como se merece ni por sus propias instituciones. Dos vueltas diarias, de ciento setenta y cinco kilómetros cada una, con un total de 700 km., acumulados, arrasa literalmente todo el término. No hace falta saber con exactitud el itinerario y es ridículo que cualquier cambio de trazado pueda ser considerado como voluntad proteccionista.

El quad no es un vehículo diseñado para competiciones ni para utilizarlo en grupo. Fue desarrollado como vehículo agrícuola y para las funciones de traslado y vigilancia en entornos forestales o arenosos de difícil acceso. Su alto poder destructivo, la potencia erosiva y el descarnamiento de los caminos tradicionales que producen sus ruedas, que no traccionan sino arrastran, lo convierten en una de las peores plagas que están sufriendo nuestros espacios naturales desde los últimos años.
La forma de conducirlos, el perfil de sus pilotos, la propia indumentaria (recordemos que el casco se utiliza más para protegerse de las piedras que salen despedidas que por la propia caída) y la irresponsabilidad de quien autoriza este tipo de competiciones dejan desprotegidos términos municipales entreos que quedan a merced del capricho y la desaprensión de personas ajenas totalmente a cualquier tipo de vinculación con la zona. La insignificante cantidad que se establece como fianza apenas llega a cubrir la reparación de algún tramo de camino.
Canal 9 dispone de imágenes filmadas que te ponen la piel de gallina cuando les ves actuar. Laderas enteras son peinadas , literalmente, produciendo un efecto irreversible, más todavía cuando acaba de llover y dejan los caminos intransitables. Nosotros mismos hemos sido testigos de juegos de rol para burlar a las patrullas del Seprona.
¿Será necesario que ocurra una desgracia para que la administración tome cartas en el asunto?
Ante la moda de los quads, es urgente una regulación que no deje desprotegidas y a merced de la erosión nuestras zonas forestales. Es por ello del todo necesario que como medidas preventivas se regule, de forma local, el tránsito motorizado por ciertas zonas y caminos, y por supuesto, no se fomenten competiciones de este tipo que van en contra siempre de los propios intereses del municipio y no contribuyen en absoluto, al desarrollo de la zona. De nada habrán servido los esfuerzos de administraciones, iniciativas privadas y ayudas europeas al desarrollo del turismo de interior si los últimos espacios naturales se ven alterados sistemáticamente por grupos de quads cuyas actividades deberían realizarse, como cualquier competición a motor, en circuitos cerrados y habilitados para ello.
Firman este artículo: José Manuel Almerich Iborra. Director del IVEN. Juan Manuel Ferrís. Presidente del Centre Excursionista de València.
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Autor: Zacarias Alvés
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