En los treinta años del gran incendio

En los treinta años del gran incendio, por Carlos Feuerriegel
En mi memoria se han mantenido nítidas y vivas algunas de las imagenes de aquella noche de julio de 1979 cuando, en la furgoneta de Torrate, un grupo de amigos, acudíamos al incendio que se había iniciado en la sierra. No podiamos imaginar que el fuego que entonces comenzaba su negra andadura llegaria a alcanzar el grado de destruccion al que llegó una semana después. Tampoco sabiamos que la tormenta seca de esa noche habia sembrado otro foco distinto y distante de aquel primero que inicialmente controlaríamos.

Continua leyendo 2 comentarios Viernes, 29 Enero 2010

Necesita mejorar: Consumir hasta morir

Vivimos en la era de los balances y las clasificaciones. Raro es el día que el periódico no nos trae una nueva , resultado de una encuesta o fruto de eso que viene en llamarse estudio estadístico. Entre estas clasificaciones hay una en la que los españoles nos llevamos la palma. Es aquella que determina el incremento anual en el consumo de energía. Podemos estar orgullosos porque estamos a la cabeza y no precisamente porque cada vez hagamos un mayor esfuerzo físico, que también consume sus energías, sino porque parece no conocer techo nuestra demanda de energía eléctrica, o de productos derivados del petróleo. Tan a pecho nos hemos tomado esta competición que incluso conseguimos, en el colmo de nuestras alegrías, producir lo mismo cada año con una mayor demanda de energía.

Continua leyendo 7 comentarios Sábado, 31 Marzo 2007

Por una risa sostenible

triptico-incineradora-zarra.jpgUna niña sonríe sentada sobre el césped. Tierna imagen para edulcorar el sostenible futuro que quieren vendernos con el polígono industrial de las basuras de Zarra. Y como ha de ser sostenible, césped, mucho césped en la foto que sirve de tarjeta de presentación. Para que ahorremos agua, que de ella andamos sobrados. Especialmente en Las Hoyas. Leyendo el panfleto que coeditan Sedesa, la filial de Llanera y el Ayuntamiento de Zarra, uno no sabe si está ante un futuro parque de atracciones, tipo Terra Natura, un complejo gastronómico, ó simplemente una tomadura de pelo. Como acompaña al libro de festejos de Zarra, lo tomaremos como invitación a una actividad festiva más, el “Primer Concurso de Mentiras de Las Hoyas” que promete conocer muchas más ediciones en los años venideros.

Menos lo que realmente motiva la iniciativa de pretender construir ese imposible polígono industrial, se nos habla de todo. Y entre ese todo, restaurantes, albergue y un hotel, de nombre “Buenos Aires”. Porque no deja de tener su atractivo eso de pasar sus vacaciones junto a empresas que tratan residuos tóxicos y peligrosos. Es lo ideal para los urbanitas que añoran su ración diaria de contaminación y sin duda podría ofertarse dentro de la amplia gama de deportes de aventura que, cosa rara, no aparecen en este primer folleto. Sin duda harán acto de presencia en la reedición, pues lo suponemos ya agotado en esta su primera entrega. Como agotados deben estar sus sesudos creadores, exhaustos de tanto esfuerzo intelectual.

Conmovedor es, hay que admitirlo, la referencia a Kyoto; quizá un guiño inteligente a los futuros turistas japoneses muy reacios a desengancharse de sus humos domésticos e insulares. Porque este complejo de Las Hoyas es también como una isla, bien aislado de los centros productores de residuos que debieran servir de fuente de suministro para las empresas que allí se instalarían. ¿Y en el medio? En el medio una larga cola de camiones cargaditos con sus basuras industriales rumbo a la isla mágica de Las Hoyas. Para mejor cumplir con Kyoto, reduciendo el transporte por carretera.

Erratas también las hay en el folleto. Así donde dice que el proyecto dinamizará la comarca, en realidad quiso decir “dinamitará” la comarca, o lo que quede de ella, después de más de veinte años de Central Nuclear, unas sierras arrasadas por los fuegos y el urbanismo salvaje de los últimos años. Una voladura que no deja de tener sus partidarios y que bien organizada y prolongada en el tiempo podría convertirse en un nuevo polo de atracción para esta peculiar iniciativa.

Pero junto a los involuntarios errores de imprenta, hay aciertos innegables que dicen mucho de la capacidad de inventiva de los promotores. Es ciertamente pionero en la Comunidad Valenciana y hasta en el mundo entero poder degustar unos tragos de agua depurada procedente de la Estación de Aguas Residuales del complejo. Al fín y al cabo, se nos presenta como un servicio al ciudadano y estas plantas, que sepamos, se han venido desaprovechando hasta ahora para esa utilidad. Además, esto es enteramente consecuente con la idea del proyecto: quién duerme en el hotel Buenos Aires de Las Hoyas no pondrá objeciones a refrescarse con una consumición de aguas residuales. Nada que envidiar a las aguas minerales y, ¡por fín! unas aguas que no serán analizadas por el desbordado laboratorio del Dr. Rodés. Las podrán analizar en el mismo complejo, porque también se vislumbra un laboratorio propio.

Genera cierta confusión, sin embargo, el que tanta actividad medioambiental como quiere asentarse en Las Hoyas, tanta generación alternativa de energía requiera de un ensanchamiento de la carretera CV-440, la que une Albacete y Ayora. ¿Será por el chorro interminable de turistas que se esperan? o ¿será por los camiones cargados de residuos? Resulta extraño que tanta preciosa literatura folletinesca para preservar y mejorar el medio ambiente de Las Hoyas, comience por ensanchar una carretera rectificada no hace tanto. Para llevar placas solares a Las Hoyas, huelga esa pretendida mejora. ¿O se trata de llevar algo distinto?

Los papás de la niña de la portada probablemente sepan algo más que nosotros sobre este enigma. Por eso se rien y por eso se ríe ella, y a nosotros, por favor, permítannos que nos riámos del memorable folleto.

6 comentarios Miércoles, 9 Agosto 2006

Basuras al interior: el caso de Zarra

Antes se tenían padrinos y ahora se aspira a tener buena estrella. Para ello nada mejor que nacer al amparo de un PAI. Ya saben, esa figura de la legislación urbanística valenciana de la que tan pagados están nuestros gobernantes, al mismo tiempo que aterroriza a extranjeros (con algún autóctono incluido). Y el PAI llegó hasta Zarra, unos cuatrocientos habitantes, en la raya con Albacete, dentro del Valle de Ayora y sin conexión alguna con carretera nacional conocida.

basuras-interior-caso-zarra.jpg

Es un PAI que promete: viene bautizado como Complejo Medioambiental, muy ecológico él, de los que embellecen la tierra y limpian el aire; lo promueve una empresa llamada ASENATH SL, pero debe desarrollarlo otra empresa, SEDESA URBANA, siendo comprados los terrenos por una tercera entidad ENTORNA SOLUCIONES MEDIOAMBIENTALES, a su vez propiedad de una cuarta empresa, el grupo constructor LLANERA. ¿Se han perdido ya? Pues oriéntense, porque tan maravillosa iniciativa se proyecta en un paraje denominado Las Hoyas, que constituye un reducto de naturaleza y silencio merecedor de seguir siendo lo que ya ahora es.

LLANERA, SEDESA o ASENATH, juntas o por separado, todas o alguna de ellas, pretenden, con el inestimable apoyo del atila del paisaje valenciano y hasta hace poco Conseller de Territorio y Vivienda, Sr. Blasco, levantar en esos parajes escondidos del interior del interior valenciano, un polígono industrial destinado a tratar e incinerar los residuos, que no quieren ni ver en las comarcas donde se producen. Y para ello cuentan con los valles como el de Ayora: poco poblados y extensos, abrumados por el peso de algo tan prescindible como la belleza de sus montañas. Belleza de la que dicen que no se come, con lo cual nada mejor que traernos estas maravillosas inversiones medioambientales para cambiarnos la cara y mejorarnos la vida.

El gobierno valenciano sigue empeñado en impulsar estas demenciales políticas de esconder las basuras en los lugares más lejanos posibles de su lugar de origen, vertebrando (¡bonito palabro!) el territorio valenciano a través de interminables colas de camiones cargados de desechos de todo tipo con un sentido de marcha único : hacia el oeste, que los vertidos en el mar ya no están bien vistos y las mareas podrían devolver lo no “revalorizado”, ni “puesto en valor” ( hermoso, ¿verdad?) a las playas caribeñas de MARINA D`OR.

Cierto que esta amable política de Camps y compañía hacia los habitantes del secano ,no es del agrado de los que aquí vivimos, pero el Molt Honorable ya debe haber hecho sus cuentas electorales , amén de las otras cuentas que le hayan presentado las compañías promotoras en una de tantas veladas empresariales en las que su cargo le embarca. Las cuentas deben ser concluyentes y es por ello que desde la Generalitat se allana el camino hacia el polígono de la basura, ochenta hectáreas de despropósito, en Zarra. A Camps, le cuadran los cálculos.

Pero, no menos cierto es que este tipo de regalos siempre cuentan con entusiastas en la zona. En este caso es el alcalde de Zarra, Juan José Rubio, en su día candidato socialista, hoy temporalmente suspendido de militancia, y actualmente imputado en el Juzgado de Requena por los delitos de prevaricación, estafa, falsedad cometida por funcionario público y fraude ilegal. Una bonita relación de posibles méritos en la que es acompañado por unos cuantos vecinos de militancia de su población, también imputados en estos momentos.

Con esta, que sepamos, es la cuarta vez que este alcalde trata de implantar una planta para el tratamiento de basuras en este Valle de Ayora- Cofrentes. Al parecer porque ya tenemos otra gran planta generadora de basuras, estas radioactivas, en la Central Nuclear de Cofrentes. También porque esa nuclear apenas si deja beneficio económico alguno en su población de Zarra. Inteligentemente, quiere tener su propia nuclear, pero como para éstas sigue habiendo moratoria tácita, que no legal, la incineración puede ser una buena alternativa. Cálculos y más cálculos. El alcalde de Zarra, como Camps, también hizo sus cálculos.

Por mi parte, considero que este tipo de proyectos, por más que cuente con encumbrados apoyos, difícilmente pueden salir adelante. La razonable y mayoritaria oposición popular , que ya lleva años actuando en esta comarca, unido al absurdo medioambiental que estas agresiones suponen, hacen prever un accidentado camino a los promotores del nuevo Complejo Medioambiental. Los múltiples disfraces con los que estos proyectos tratan de enmascararse son un síntoma más de su debilidad y sólo incrementan nuestro rechazo a los mismos. Un rechazo que va a crecer en los próximos meses hasta que los responsables del gobierno valenciano acaben dándose por aludidos y retiren su apoyo al proyecto de Zarra.

¿La alternativa? En la antigua Conselleria de Medio Ambiente ya la conocen porque la Coordinadora comarcal contra el Basurero ya se la hizo llegar en el verano del 2002. Que rebusquen en sus papeleras y, si no aparece, que nos pidan copia. Nuestra propuesta les llegará en menos tiempo que necesitaría un camión de basuras de la costa para llegar hasta nuestro Valle.

Carlos Feuerriegel
Ecologistas en Acción

4 comentarios Viernes, 9 Junio 2006

Las Hoyas son un poco la casa de todos

A principios del pasado siglo y hasta cerca de su mitad, la vida en el mundo rural presentaba unos caracteres de dureza que hoy, a muchos, les parecerían insufribles: trabajo físico agotador, casas sin agua caliente y electricidad, caminos a pie o a lomos de caballerías, la lumbre por toda calefacción y la sombra por aire acondicionado. Pero, con todo ello, vivían en un mundo donde las certezas pesaban mas que las incertidumbres, por ser un mundo ligado a los ciclos de la naturaleza. Ciertamente contaban, tanto como hoy, con un pedrisco que se llevara la cosecha, pero esto entraba dentro de lo imprevisible del comportamiento caprichoso de la atmósfera y, como “con el de arriba no se puede”, en frase de la gente del campo, se aceptaba con una actitud estoica inteligente.

Si hoy pudieramos entablar una conversación imposible con nuestros antepasados, tendríamos que hablarles de unas  incertidumbres nuevas que ellos ni pudieron imaginar y que están afectándonos mas cada día que pasa.
Porque entre las certezas de nuestros abuelos estaba el acostarse sabiendo que, al día siguiente, se encontrarían con el paiseje que dejaron al anochecer. El mismo que conocieron y trabajaron sus padres y abuelos. Con pedrisco o sin él, con sequí o temporales interminables, los campos seguirían siendo campos de cultivo y el monte seguiría siendo el monte. Lo daban por hecho tanto como que el sol terminaría por salir y, quizá por ello, tampoco lo apreciaran como podemos hacerlo hoy. Pero esto pertenece ya al pasado.

Si los paisajes entraban dentro de lo duradero, hoy los hemos arrastrado al vertiginoso mundo de lo fugaz. Ya no podemos dar por hecho que las tierras que vemos un domingo no se verán amenazadas el lunes por alguna que otra propuesta urbanística que les cambie la cara de forma irreversible. Nuestros abuelos no sabían lo que era un PAI, y no se perdían nada. Nuestros abuelos no sabían lo que era una incineradora ni lo que eran residuos peligrosos.

Esta incertidumbre permanente que acosa al espacio físico que nos rodea y al cual pertenecemos, constituye una vivencia nueva para nuestra especie y no creo que pueda consolidarse sin dejar secuelas en nosotros mismos. Estamos necesitados de puntos de amarre para hacer frente a los oleajes de la vida. El paisaje que hemos vivido desde nuestra infancia forma parte de estos amarres. El horizonde físico de nuestras vidas conforma una realidad cambiante y eterna, porque ha sido eterna en la escala de la breve duración de cada vida y porque los recuerdos que contienen y permanentemente alumbran, los hacen cambiantes y vivos.

Cada uno siente y vive el paisaje de forma diferente. Y, con su pérdida, nos quitan mucho a todos y cada uno de nosotros, además de destruir la casa de los animales y plantas que también lo han hecho suyo.

Las Hoyas son un poco la casa de todos.

3 comentarios Martes, 30 Mayo 2006