La señora de las trenzas que no es Rapunzel

miércoles, 4 noviembre 2009 Amparo G. Barberá

Una de esas tardes de invierno en que todo el sentimiento de culpa se acumula en mis caderas tras dos semanas enteras de inactividad por diversos motivos: algunos compromisos, reuniones, cita médica, excusas varias (hoy he comido muy tarde, me duele un poco la cabeza, igual llueve…); reúno la fuerza de voluntad necesaria para ponerme de corto a pesar de la ventolera que amenaza con volcar las macetas del patio de la urbanización y, sin pensarlo dos veces, bueno, ni siquiera una, salgo corriendo escaleras abajo como si me persiguiese mi propio arrepentimiento.

Y es que correr es sanísimo. Sanísimo y aburridísimo (a mí es que sólo me divierten los deportes de equipo y los que tienen un adversario directo), a no ser que tengas buena compañía y correr sea una excusa para compartir confidencias, risas o retos personales.

Bueno, al terminar de correr los treinta minutos que puedo aguantar psicológicamente dando vueltas a una manzana, independientemente del ritmo que me haya impuesto, camino un rato respirando profundamente antes de estirar los músculos.

Y cuál fue mi sorpresa cuando, al levantar la vista, para tomar aire, veo que una mujer ya entrada en años está sacando un cigarrillo de su cajetilla de tabaco y que, tras aplastar con la mano libre dicha cajetilla la lanza descaradamente, estilo jugadora de balonmano en una final de la Copa de la Reina, en mitad de la calle. Mi mirada, tres metros bajo sus pies buscó el ángulo preciso para clavarse en su rostro y pude ver en sus ojos un rastro de provocación, “¿qué pasa?”, pude intuir.

No pude callarme y cargando mis palabras con la mayor ironía que supe y pude reunir en el instante inmediatamente posterior a que el paquete impactara contra el suelo y chocara con mi incredulidad le grité:

—¡Señora, se le ha caído la cajetilla!

Y seguidamente me agaché, la cogí y se la lancé de vuelta al balcón. Acerté a la primera aunque no tiene mucho mérito teniendo en cuenta que la señora vivía en un primero. La mujer, impasible, ni se inmutó y, clavándome la mirada dio una profunda calada a su cigarro mientras sostenía el mechero encendido entre sus manos. Seguramente estaba pensando “¿pero cómo se atreve a llamarme la atención una chiquilla a la que doblo en edad? ¿Cómo es posible que los jóvenes de ahora se dirijan a las personas mayores en ese tono?”

Le sostuve la mirada contestándole fríamente: “demuéstrelo, señora. Si es mayor, demuéstrelo, joder. ¿Acaso no le han bastado cincuenta años en este mundo para saber que la ley de la gravedad nunca falla convirtiendo en graves actitudes como la suya?”

Nuestro diálogo de miradas continuó entre el humo del cigarro que exhalaba lenta y provocadoramente la señora del balcón que no era Rapunzel a pesar de que dos largas trenzas caían a ambos lados de su cabeza adornando sus hombros. Moviendo la cabeza levemente hacia los lados en actitud de negación añadí: “en su época era la dictadura la que aseguraba que los jóvenes rindiesen respeto a los mayores (aunque muchos aseguran que no era respeto sino miedo), a quienes lo merecían y también a quienes no, todo hay que decirlo, pero ahora, con esta anarquía disfrazada de democracia nadie, ni políticos, ni educadores, ni familias, asume la responsabilidad de transmitir ese valor tan poderoso como es el respeto.” Y me refiero al respeto a las personas mayores pero también a las jóvenes, cualquiera que sea su aspecto, raza, religión o condición sexual. Pero también, y cómo no, al respeto al medio y al respeto al orden social. ¡Que tenemos un contenedor de basuras en cada esquina! ¡Y un servicio puntual que se encarga de retirarlas! Vivir en una sociedad democrática tiene muchas ventajas aunque no niego que también algunos inconvenientes. Simplemente, quien no pueda asumir las normas sociales que se vaya a vivir a la selva ¡y no estoy llamando animal a nadie! También está la opción de emigrar a una de esas regiones o países en los que pasa desapercibida una persona que, a pesar de tener un Mercedes último modelo aparcado en la puerta de su chabola y de desafiar a la ley de la gravedad con kilos de oro colgando de su cuello y adornando sus brazos, tira la basura doméstica por la ventana entre nubes de insectos que devoran animales muertos. ¡Quien quiera vivir entre la mierda, que se vaya a la mierda!

Y por respeto a cualquiera, a mí por ejemplo, que no tengo por qué andar esquivando esputos, defecaciones caninas, latas, colillas y paquetes de tabaco vacíos.



Autora: Amparo G. Barberá

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9 Comentarios Añade un comentario

  • 1. Zaca  |  jueves, 5 noviembre 2009 a las 17:05

    Ostras Amparo!!! A la selva no los envíes. ¿Qué culpa tienen los que viven allí…?

    Vente a correr por el Sabinar. Verás como correr no se te hace tan pesado…. y peligroso.

    Ahora mismo en Ayora caen algunas gotas y sopla poniente.

    Entre nubes, agua y sol, sobre el perfil del Caroche, que veo desde la ventana de mi oficina, se intuye un tímido arco iris (Arc de Sant Martí como dicen en Catalunya).

    Saludos. Zaca.

  • 2. Amparo  |  jueves, 5 noviembre 2009 a las 23:30

    Gracias por la invitación, Zaca, aunque por suerte sigo teniendo la posibilidad y ocasiones no me faltan para correr por el Sabinar, por los llanos del Monte Mayor (¿por qué les llamarán llanos?) y otros tantos parajes de nuestro pueblo en los que oxigenarme de verdad para, de vuelta a la ciudad, mantener férrea la voluntad de cuidar mi salud. ¡Y qué mejor forma de hacerlo que moviendo el esqueleto!
    La carrera es sanísima (en realidad cualquier tipo de actividad física). Me atrevería a decir que es la actividad que más tiempo economiza, pues puedes empezar a correr desde la misma puerta de casa, y menos preparación (refiriéndome a que no es necesario preparar la mochila con el bañador, el gorro, la toalla, ropa limpia…¡que no se me olvide nada! Como cuando vas a la piscina) y menos organización requiere (me refiero a que no es necesario quedar con nadie como si pretendes jugar al tenis o disfrutar jugando al voleibol, ni mucho menos vengo a decir que para correr no sea necesaria una pequeña formación a la que, por otra parte, casi nadie parece darle importancia). Además, está demostrado científicamente que la práctica de ejercicio físico favorece un estado de bienestar general en quien lo practica.
    Bueno, creo que nos hemos desviado del tema principal del artículo… Pero… me gusta…

  • 3. Zaca  |  viernes, 6 noviembre 2009 a las 10:27

    De eso se trataba… De rebajar un poco la tensión que se desprende de tu artículo, si bien, comparto totalmente tus comentarios.

    Nuestro país, en los últimos años, ha progresado mucho en derechos y libertades. Hemos progresado mucho económicamente, socialmente, etc, pero esto no ha ido en paralelo con una actitud de civismo hacia los demás y hacia todo aquello que es público. Solo hay que ver el estado de parques y jardines de muchas ciudades, las calles tras una noche de botellón, etc.

    Creo que todos deberiamos reflexionar un poco sobre lo que nos está ocurriendo: quizá falla la enseñanza, falla la educación que los padres dan a sus hijos (eso quien tiene la suerte de que sus padres lo hagan), etc. Los españoles, en general, no apreciamos mucho todo aquello que es público.

    La corrupción política actual no más que un reflejo, de lo que a pequeña escala y mediante pequeños gestos, hacemos diariamente una parte del pueblo llano.

    Paro, porque creo que esto daría para un debate mucho más amplio.

    Lo dicho deja a los indígenas que vivan tranquilos en la poca selva que les queda.

    SAludos.Zaca.

  • 4. Jeni  |  viernes, 6 noviembre 2009 a las 13:06

    Genial Amparo, sencillamente genial. Gente maleducada abunda por todo el mundo, aunque la mandes a la selva seguramente allí también habrá alguno que no se salve. Me pregunto: ¿tanto cuesta tirar la cajetilla (bolsa de chuches….) a la papelera?

  • 5. Rous  |  viernes, 6 noviembre 2009 a las 17:31

    Menos mal que seguí leyendo y me di cuenta que el paquete de tabaco caía de un balcón.
    Estoy de acuerdo contigo y también en que puede que falle ofallemos en la educación, en las normas sociales y en las de convivencia. Pero vamos a pensar por un momento fríamente si es necesario que se nos diga y que digamos nosotros lo que es correcto. ¿Acaso esas actitudes, de convivencia, de respeto hacia nuestros semejantes y hacia el medio ambiente, nos las tienen que enseñar o recordar?. ¿No deberían ser innatas en cada uno de nosotros?.¿No deberían de realizarse de forma espontanea?.
    Los deberes bien hechos, se convierten en obligación.
    Lo correcto, nos cuesta trabajo, o que nos lo recuerden constantemente.
    No, así no vamos bien.
    Besos. Rous.

  • 6. jose  |  viernes, 6 noviembre 2009 a las 18:27

    Luego es mujer se quejara de que la juventud es una maleducada, que donda vamos a ir a parar, que fijate tu… etc etc. Lo primero dar ejemplo¡¡¡

  • 7. rodri  |  domingo, 15 noviembre 2009 a las 10:50

    pues es una de las cosas que me desagrada mucho ver como a mucha gente le importan tres pitos tirar basura donde primero le pille sea en la calle ,en el monte o donde sea.Yo la verdad creo k no hubiera llegado tan lejos de devolver la caja aunque se lo merece.No entiendo como a esta no le importa lo mas minimo el sentido comun,ni el respeto a los demas , ni a nada,por lo tanto la unica manera seria que existieran multas para la gente que actua asi,por que por mucho que se lo digamos ellos van a seguir haciendo lo que les rote.

  • 8. Rebeca  |  miércoles, 16 diciembre 2009 a las 6:58

    Me encanto tu post… en serio es la primera vez que lo visito por andar buscando cosas interesantes para leer y mira que salio tu página y me encanto y tienes razón hay que respetar pero igual ya no estamos en los tiempos de antes en los que talvez a muchos no les importaba pero ahora si nosotros mismos no cuidamos nuestras cosas y nuestras ciudades … quienes lo harán, así que estoy de acuerdo contigo que si nosotros mismos enseñamos a estos que se hacen los locos a ser un poco más limpios bien que tendríamos mejores ciudades en todo el mundo.

  • 9. Laurayora  |  lunes, 3 mayo 2010 a las 21:46

    Ay Ampa!!!! Hubiese pagado por verte tirando de nuevo el paquete de tabaco al balcón de la señora!!! Jajajaja!!!
    Verdaderamente, hay gente maleducada en todos los sitios, de todas las edades pero … mi opinión es que la gente joven, en general, es bastante más considerada que la gente mayor. Y si no, os cuento típica situación en cualquier Mercadona u otro supermercado de Valencia:
    Tú estás guardando cola en la caja hace dos horas, llega una yaya y … se te cuela!!!!! Pero qué morro tienen las señoras estas!! Yo no me corto un pelo. Me acerco a la sujeta en cuestión y le digo … SEÑORA … ES QUE LLEGA TARDE AL TRABAJO O QUÉ??? (lo pongo en mayúsculas porque se lo digo en voz alta, para que me oiga). Y cuando ya se ha dado por aludida le invito a que haga cola como todos.
    P.D. Una cosa es que te pida el favor de pasar delante (dándote alguna explicación) y … otra es que se pasen por el forro la cola que llevamos guardando durante un buen rato un montón de gente).

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