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En otras zonas el bosque se alterna con el enebro, la coscoja y
el madroño. Estas montañas son el habitat natural
de animales como la liebre, el jabalí, el muflón y
la cabra hispánica, tan dificil de contemplar en altas latitudes.
La perdiz roja, el cárabo y el águila real acompañan
a esta fauna particular del bosque mediterraneo. En las límpias
aguas de los ríos que bañan el territorio conviven
carpas reales, barbos, lucios, truchas y cangrejos.
En las tierras bajas los agricultores cultivan cereales, olivos,
viñedos y especialmente árboles frutales, destacando
el melocotonero cuyo fruto es muy apreciado en el resto de la Comunidad
Valenciana.
Cortes de Pallas. Su característica fundamental
es el aislamiento motivado por una vasta
plataforma tabular culminada por el pico Caroig (1.126 m) que se
extiende entre el Valle de Ayora - Cofrentes, la Canal de Navarrés
y el profundo cañón del río Júcar. El
paisaje vegetal dominante hoy es el de lentiscares y coscojares,
pero también se encuentran interesantes encinares y grupos
de fresnos. Los cursos de los ríos Fraile, Ludey o Grande
son de gran belleza y en ellos vive el galápago. Desde los
pueblos del Valle (Teresa de Cofrentes, Ayora, etc.) o la Canal
de Navarrés (Bicorp, Quesa, Navarrés, etc.) se accede
a estos parajes, que forman la Reserva Nacional de Caza Muela de
Cortes.
También es importante citar que posee un poblamiento disperso,
con varias aldeas repartidas por el extenso término. Estas
son Venta Gaeta, Castilblanques, La Cabezuela, Viñuelas,
Los Herreros, El Oro, Otonel y Las Viñas.
Cofrentes situada
en la unión del Cabriel y el Júcar está constituida
sobre un promontorio en cuya cima, dominando el horizonte, se alzan
las ruinas de un astillo de origen musulmán. En la orilla
opuesta del Cabriel se levanta el cerro de Agrás, un volcán
extinguido que constituye el más importante afloramiento
volcánico de toda la Comunidad. A cuatro kilómetros
de Cofrentes, el balneario modernista de los Hervideros, rodeado
de abundante vegetación, acoge a los veraneantes que todos
los años acuden a tomar sus aguas medicinales.
La vecina localidad de Jalance
se extiende a los pies de su castillo. Rodeada por una dilatada
huerta de frutales, donde los melocotoneros son el árbol
más característico, el resto de su término
municipal está ocupado por extenos pinares.
A la salida de Jalance, en dirección oeste, hay un mirador
desde donde se contempla una amplia panirámica de todo el
valle y si continuamos por esta carretera, llegaremos a la Cueva
de Don Juan, a unos doce kilómetros de la población.
En su interior, la luz juega con las espectaculares formaciones
estalagmíticas recreando un singular y sobrecogedor paisaje.
A la salida de la cueva, la frondosa vegetación rodea unas
instalaciones de recreo que harán más grata la estancia
del visitante. Más hacia delante, el camino continúa
hasta otro incomparable rincón de la naturaleza llamado El
Moragete.
Si seguimos nuestro recorrido por la nacional 330, que atraviesa
este territorio, llegaremos a Jarafuel,
situado en la cuenca del rio Cantabán. La villa, con calles
estrechas y empinadas, se asienta sobre una colina, conservando
su antiguo trazado medieval. A la salida del pueblo, en el Paraje
de las Rochas, se encuentra un camping con modernas instalaciones
de recreo, rodeado de almendras, desde el cual se divisa una hermosa
vista del pueblo y el valle. En su término hallamos numerosas
fuentes enclavadas en bellos y acogedores rincones. Las más
conocidas son las del Tobarro, Bella y la Fuente del Ral. De Jarafuel
parte una pista hasta Cortés de pallás, recorriendo
el impresionante relieve de la Muela de Cortes.
En los ribazos de los campos de los habitantes de Jarafuel cultivan
el almez, árbol cuyas ramas alteran en su crecimiento para
ser aprovechadas en la fabricación artesanal de bastones
y mangos de aperos de labranza.
Teresa de Cofrentes
es la siguiente población del valle. En su término,
entre el barranco de Carboneras y de la Argongueña, hay un
paisaje de simas y cavidades de una gran belleza llamado Las Quebradas.
La casi totalidad de su término está ocupado por el
macizo del Caroig, a la cima del cual se puede acceder por una pista
forestal que transcurre entre barrancos y montañas. Desde
Teresa nos desviaremos para acercarnos a Zarra,
localidad que en su día fue residencia del gobernador del
valle. Se emplaza sobre un cerro con pequeñas y pintorescas
calles que van a parar a la iglesia parroquial de Santa Ana (S.
XVIII) con la torre del campanario exenta. En el río Zarra
hallaremos un hermoso paraje para descansar, llamado La Hoz.
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